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Un festín goleador ante el Salzburgo mientras el Madrid prepara la era Klopp con un fichaje bomba

El Real Madrid sigue demostrando su pegada en el terreno de juego, ajeno por un momento a los incesantes rumores que rodean su banquillo para la próxima temporada. Los blancos acaban de pasar por encima del Red Bull Salzburgo con un contundente 5-1 en un partido que dominaron de principio a fin. Rodrygo abrió la lata con un doblete rápido en la primera mitad, golpeando en el minuto 23 y repitiendo en el 34 para dejar claro el control absoluto del equipo. Tras el paso por los vestuarios, Kylian Mbappé amplió la ventaja nada más arrancar, en el 48. Vinícius Júnior, que había visto una cartulina amarilla poco antes del intermedio, se sumó a la fiesta y selló la goleada con dos tantos más en el 55 y el 77. El gol del honor para el conjunto austriaco llegó en la recta final, obra de Maurits Kjaergaard Bidstrup en el minuto 85.

Dominio aplastante y gestión desde la pizarra

Las estadísticas del encuentro reflejan a la perfección el monólogo madridista. El equipo monopolizó el balón con un 65% de posesión, completando 792 pases frente a los escasos 330 del Salzburgo. La insistencia ofensiva se tradujo en diez saques de esquina a favor por solo tres en contra, y seis disparos a puerta que hundieron a los visitantes. Álvaro Arbeloa aprovechó esta cómoda renta para mover el banquillo pasada la hora de juego, dando entrada a revulsivos y jóvenes talentos como Arda Güler, Brahim Díaz, Endrick y el canterano Joan Ramon. Esta rotación constante y la confianza en las promesas del Castilla son precisamente algunos de los aspectos que la directiva valora enormemente del técnico español. Internamente se respeta mucho su labor, su buena actitud y cómo el equipo dio la cara en citas exigentes contra el Manchester City y el Bayern, incluso lidiando con contratiempos como la expulsión de Eduardo Camavinga.

La sombra del banquillo y el fantasma de Xabi Alonso

Por mucho que el equipo compita y la directiva valore el esfuerzo de Arbeloa, la falta de títulos pesa demasiado en las oficinas de Chamartín. Esta ha sido una campaña tremendamente convulsa, marcada a fuego por la destitución de Xabi Alonso el pasado mes de enero, una decisión fulminante tras perder la final de la Supercopa de España ante el Barcelona. En aquel momento se especuló con problemas de vestuario y diferencias tácticas, lo que precipitó la llegada de Arbeloa. Aunque el club evaluará su posición internamente de aquí a final de curso y aún no se le ha comunicado nada oficial, parece evidente que su papel ha sido el de apagar un incendio temporal.

Jürgen Klopp y una lista de peticiones

Todo apunta a que habrá un relevo de peso en el Santiago Bernabéu. Según diversas informaciones, Jürgen Klopp tiene ya un acuerdo verbal para asumir el cargo de entrenador una vez concluya la temporada. Periodistas especializados como Fabrizio Romano confirman que el ex del Liverpool es uno de los nombres fijos en las conversaciones internas de la cúpula directiva, si bien matizan que todavía no hay nada firmado ni cerrado al cien por cien. Sin embargo, otras fuentes aseguran que el técnico alemán ya está planificando su llegada y ha puesto sobre la mesa hasta nueve exigencias en materia de fichajes.

Un golpe bajo al Barcelona para renovar la zaga

La gran sorpresa de este presunto acuerdo es el as bajo la manga que traería Klopp a la capital española. El alemán llegaría con un refuerzo de lujo para la defensa: Nico Schlotterbeck. El central del Borussia Dortmund es, curiosamente, uno de los grandes objetivos de mercado del Barcelona, por lo que el Madrid asestaría un doble golpe. Aunque Schlotterbeck acaba de firmar una renovación con su actual club en la Bundesliga, se ha asegurado de incluir una cláusula de rescisión bastante asequible que oscila entre los 50 y los 60 millones de euros.

El movimiento tiene todo el sentido desde la planificación deportiva. Se da por hecho que tanto Antonio Rüdiger como David Alaba abandonarán la disciplina blanca este verano como agentes libres, dejando un vacío importante en el centro de la defensa. Schlotterbeck encaja a la perfección en el nuevo proyecto y, al parecer, el internacional alemán tiene claro su destino, priorizando vestir la camiseta del Real Madrid por delante de las tentadoras ofertas del Manchester United, el Chelsea, el Bayern de Múnich y el propio equipo azulgrana.

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Djokovic, el devorador de épocas: del primer aviso a Federer al último baile frente a Nadal

Novak Djokovic acaba de cerrar uno de los capítulos más memorables de la historia del tenis tras imponerse a Rafael Nadal en Riad. El balcánico, actual número cuatro del mundo, se adjudicó la tercera plaza del torneo saudí en un encuentro cargado de nostalgia que terminó con un marcador de 6-2 y 7-6(5). Fue, a todas luces, el último duelo de una rivalidad irrepetible. Sin embargo, para entender la verdadera magnitud de la carrera del serbio y su gen competitivo, resulta inevitable echar la vista atrás. Concretamente, a aquel primer destello de grandeza que mostró ante Roger Federer hace casi dos décadas. Dos momentos en el tiempo que encapsulan a la perfección la evolución de una leyenda.

El ocaso de una era sobre la pista

El reciente choque ante el manacorí no fue un simple trámite. Fiel a su estilo, Nadal fue de menos a más durante el partido, regalando esos fogonazos de pura épica a los que nos ha tenido malacostumbrados a lo largo de toda su carrera. Djokovic, por su parte, demostró desde el primer juego que no pensaba hacer concesiones. Consiguió un break tempranero que marcó de lleno el tono del primer parcial y, con otra rotura en la recta final de la manga, se apuntó el primer set sin excesivos sobresaltos ante un Rafa que todavía no lograba sentirse cómodo del todo.

Las tornas amenazaron con cambiar drásticamente en el segundo set. Vimos a un tenista español mucho más entonado, compitiendo de tú a tú y resistiéndose a entregar el partido. Ambos intercambiaron quiebres al inicio y al final del parcial. La tensión alcanzó su punto álgido cuando Djokovic servía con 5-4 para cerrar el encuentro. En ese instante crítico, Nadal sacó a relucir su incombustible garra para salvar dos bolas de partido, forzar el deuce y devolverle la rotura al serbio. Un esfuerzo titánico que desembocó en el inevitable tie break, donde la balanza terminó decantándose del lado de ‘Nole’. Un fallo del español tras un minibreak previo sentenció el definitivo 7-5 en el desempate.

La semilla de un talento indiscutible

Esa tenacidad inquebrantable, tan característica de los duelos en la cumbre del tenis mundial, no surgió de la noche a la mañana. Toda gran historia tiene una casilla de salida y, si nos remontamos a abril de 2006, encontraremos el germen de la histórica serie de 50 enfrentamientos entre Djokovic y Federer, la cual terminaría dominando el serbio con un balance de 27-23.

El escenario elegido por el destino fue el Masters 1000 de Montecarlo. Por aquel entonces, el suizo reinaba como número uno indiscutible del ranking. Llegaba al Principado en un estado de forma absolutamente arrollador, habiendo conquistado ya el Abierto de Australia, el torneo de Doha y el codiciado doblete estadounidense tras coronarse en Indian Wells y Miami. Al otro lado de la red le esperaba un descarado Novak de apenas 18 años. El joven, que ocupaba el puesto 67 de la clasificación general, venía de ganarse su plaza en la fase previa y aún no atesoraba ningún título en su palmarés.

Sobre el papel, los pronósticos anticipaban un partido cómodo para el helvético. La realidad sobre la arcilla, por el contrario, fue bien distinta. Federer se anotó el primer set por un plácido 6-3, pero Djokovic respondió con una contundencia inesperada para igualar el marcador con un 6-2, aprovechando una volea de derecha fallada por el suizo en el punto de set. Aunque el favorito terminó llevándose el parcial definitivo por 6-3, el desarrollo del partido duró una hora y 49 minutos, convirtiéndose en un auténtico aviso para navegantes. Aquel chico salvó hasta tres bolas de partido antes de caer derrotado.

Una declaración de intenciones

Semejante despliegue no pasó desapercibido para el rey del circuito. Tras el encuentro, el propio Federer reconoció sin tapujos las virtudes de su oponente, destacando su enorme solidez desde el fondo de la pista y pronosticando un evidente potencial de crecimiento. El aspirante serbio absorbió la derrota como una lección vital. Sabía que había jugado a un gran nivel y admitió ante la prensa que necesitaba acumular muchos más partidos de esa intensidad para aprender a medirse con la élite.

Esa capacidad de resistencia exhibida en Mónaco fue el presagio de lo que estaba por venir. Con el paso de los años, su habilidad para sobrevivir al límite se convertiría en su gran seña de identidad, cristalizando en momentos históricos como las bolas de campeonato salvadas ante el propio Federer en la final de Wimbledon 2019 o en las agónicas semifinales del US Open de 2010 y 2011.

Aquel choque primaveral de 2006 fue solo el prólogo de una era. Federer ganaría sus siguientes tres duelos, pero Novak lograría finalmente su primera gran victoria frente a él en la final de Montreal de 2007. Las paradojas del deporte quisieron que el suizo nunca lograra levantar el trofeo en Montecarlo pese a disputar cuatro finales, mientras que aquel adolescente atrevido acabaría coronándose campeón del torneo monegasco en dos ocasiones. Un viaje fascinante desde aquel primer pulso contra la historia hasta este último y emotivo abrazo en la red junto a Rafael Nadal.